La maquina, que trascendió la frontera millonaria y se convirtió en ese ejemplo inalcanzable del fútbol que aspiramos ver, dio su ultima función un domingo diecisiete de noviembre de mil novecientos cuarenta y seis, en la cancha de San Lorenzo, donde Huracán hacia de local, con un empate que paso a segundo plano para los afortunados que fueron a ver un espectáculo mas y presenciaron el telón final, el nacimiento de la leyenda. Los imagino, caminando por la vida con la frente en alto y el pecho inflado por el orgullo, el honor, de regalarles los últimos aplausos.
domingo, 17 de noviembre de 2019
17 de noviembre de 1946 - Gracias a doña Rosa.
Dieciocho partidos, treinta y ocho goles y cinco apellidos que
aprendimos a pronunciar antes de saber decir "Mama" o
"Papa". Muñoz, Moreno, Perdernera, Labruna y Loustau; Los
caballeros de la angustia, los que preferían guardarse la pelota
un ratito mas para ellos antes que el rival la recupere sacando del
medio.
La maquina, que trascendió la frontera millonaria y se convirtió en ese ejemplo inalcanzable del fútbol que aspiramos ver, dio su ultima función un domingo diecisiete de noviembre de mil novecientos cuarenta y seis, en la cancha de San Lorenzo, donde Huracán hacia de local, con un empate que paso a segundo plano para los afortunados que fueron a ver un espectáculo mas y presenciaron el telón final, el nacimiento de la leyenda. Los imagino, caminando por la vida con la frente en alto y el pecho inflado por el orgullo, el honor, de regalarles los últimos aplausos.
La maquina, que trascendió la frontera millonaria y se convirtió en ese ejemplo inalcanzable del fútbol que aspiramos ver, dio su ultima función un domingo diecisiete de noviembre de mil novecientos cuarenta y seis, en la cancha de San Lorenzo, donde Huracán hacia de local, con un empate que paso a segundo plano para los afortunados que fueron a ver un espectáculo mas y presenciaron el telón final, el nacimiento de la leyenda. Los imagino, caminando por la vida con la frente en alto y el pecho inflado por el orgullo, el honor, de regalarles los últimos aplausos.
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