lunes, 18 de noviembre de 2019

18 de noviembre de 1951 - Recuerdo

La infancia ocupa un lugar preponderante en nuestra adultez, mediante recuerdos nos anima e impulsa con sensaciones de nostalgias y alegrías que nos ayudan a combatir el estrés y las responsabilidades de la vida. Los recuerdos, también, van tomando relevancia con cada decisión que afrontamos, no recordaría mi primera pelota, si no hubiera jugado con ella toda mi infancia.
Imagínense con nueve o diez años, algunos mas, algunos menos, también serviría al caso, despertándose un domingo de noviembre empapado en transpiración por culpa del calor sofocante de la ciudad de Buenos Aires. Imaginemos también que todos los domingos, después de un rápido baño, caminamos junto a la familia las siete cuadras que nos separan de la casa del abuelo, mientras charlamos sobre fútbol, mas precisamente sobre river, y el partido que escucharíamos en breve en la radio del abuelo, debatiendo formaciones y pronosticando una goleada, porque a esa edad, creemos que todos los partidos deberían terminar con goleada a favor.
El recuerdo de comer ravioles un domingo al mediodía, riendo entre todos y escuchando un partido rodeado por la familia millonaria, seria una emoción digna de revivir cuando las cosas se complican, ahora imaginemos que el domingo del recuerdo, es el dieciocho de noviembre de mil novecientos cincuenta y uno, imaginemos que al llegar a la casa del abuelo, no encontráramos la radio junto a la mesa como todos los domingos y en su lugar halláramos un extraño aparato con un vidrio cuadrado en el frente. Imaginemos la angustia por el desconcierto y la (Inmensa)emoción de aquel abuelo mientra nos explica lo que esta apunto de pasar.
Imaginen la alegría de ver por primera vez a Amadeo Carrizo poner el mantel, a José Ramos traer la fuente a la mesa, para que Norberto Yácono nos sirva los ravioles, escuchar el chiste de Lidoro Soria y retrucarle a Julio Venini la misma cargada de todos los domingos, pedirle un pan a Héctor Ferrari para mojarlo en la salsa como hacia Juan José Pizzutti. mientras Walter Gómez destapa el champagne y Angel Labruna acomoda las copas, imaginemos también, a Félix Loustau viendo el empate de Santiago Vernazza en el living de la casa del abuelo.

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