viernes, 22 de noviembre de 2019

22 de noviembre de 1987 - Un millennial buscando distraerse hurgando en el pasado.

A menos de veinticuatro horas de vivir una final continental por segundo año consecutivo, que difícil es recordar, que difícil controlar la ansiedad por imaginar lo que vendrá, para contar algo que ya paso. Que sea un superclasico quizás ayude, recordar nuestra casa rebozante de almas millonarias es un gran aliciente, quizás el negro Palma erro el penal tempranero apropósito, porque esa tarde de domingo, llevaba la diez, y la diez no es para cualquiera, sabia que el partido terminaba en el dos mil diecinueve donde yo iba a necesitar la heroica para poder abstraerme de mañana, y un penal errado a los cuatro minutos es señal de tragedia o de hazaña, más si después de errar un penal, llegas a los cincuenta y dos minutos del partido con un cero dos en contra. Difícil tarea no pensar en el Flamengo y sus figuras europeas si hace treinta y dos años, en un día como hoy, hubiéramos perdido un superclasico, de local, con un penal a favor a los cuatro minutos y con el rival de toda la vida tambaleándose por el fondo de la tabla. Quizás por eso, a los sesenta y dos, carucha Corti cabeceo cruzado un centro desde la izquierda, al segundo palo, igualito a como lo había hecho el pollila Da Silva, tres minutos antes, también con un cabezazo cruzado, desde un centro de la izquierda, el dos a dos aun no era hazaña, menos para el diez de la banda, por eso el negro, que erro aquel penal, ahora a tres minutos del final, ponía el tres a dos, suave por arriba, tras un rebote que desato la corrida eufórica del grito unificado durante treinta y dos años. ¿Qué importaba aquel penal que nos cobraron en contra a los noventa minutos? si lo iba a errar, la hazaña era nuestra, porque para poder distraerte de un presente soñado, necesitas un pasado glorioso.

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